
En el coro, ubicado sobre el acceso principal, se conserva el cielorraso original, realizado con cañizo y tientos de cuero. La estructura fue limpiada y consolidada, y quedó expuesta como un verdadero testimonio de las técnicas utilizadas por quienes construyeron la iglesia hace más de cien años.
La intervención busca mantener un equilibrio entre la conservación y las necesidades actuales del edificio. Los elementos históricos fueron restaurados y preservados, mientras que las nuevas incorporaciones se realizaron desde una mirada contemporánea, sin intentar generar una reconstrucción artificial del pasado.
También fueron restauradas artesanalmente las molduras del retablo, recuperando sus perfiles originales, mientras que los muros de adobe recibieron nuevamente revoques de tierra, respetando los materiales tradicionales de esta arquitectura.
El resultado es una iglesia que conserva su identidad histórica, pero que ahora ofrece mejores condiciones de seguridad y luminosidad. San Vicente Ferrer no es una iglesia nueva, sino el mismo templo de siempre, con sus materiales y su historia nuevamente visibles.




