
La elección marcó un hecho histórico para la Iglesia Católica. Francisco se convirtió en el primer papa jesuita, el primero proveniente de América Latina y también el primer pontífice no europeo desde Gregorio III, fallecido en el año 741.
Bergoglio sucedió en el cargo a Benedicto XVI, quien había sorprendido al mundo al renunciar al pontificado, una decisión poco frecuente en la historia de la Iglesia. La elección del entonces arzobispo de Buenos Aires generó una enorme repercusión en Argentina y en toda la región.
Desde su llegada al Vaticano, Francisco impulsó un estilo pastoral cercano, con fuerte énfasis en la humildad, la justicia social y la preocupación por los sectores más vulnerables.




