
Plaza Karki remarcó que este suelo fue protagonista de la historia grande de la Patria. La columna auxiliadora a Copiapó, pensada por José de San Martín, encontró en los riojanos el coraje necesario para cumplir la misión bajo el mando del coronel Nicolás Dávila, acompañados por figuras como Francisco Ortiz de Ocampo. Chilecito no fue espectador de la historia: fue protagonista.
También destacó el profundo legado espiritual que distingue a la ciudad. La Sierva de Dios Sol Leonor de Santa María Ocampo y el beato Gregorio Martos, beatificado por el papa Francisco, son parte de una tierra que ha dado testimonio de fe, entrega y valores que trascienden generaciones.
En el plano cultural y productivo, Chilecito también dejó su marca en el mundo. En la Exposición Universal de París de 1889 —realizada en el marco de la inauguración de la Torre Eiffel— los vinos locales fueron premiados, demostrando que desde esta tierra seca pero fértil también se podía competir a nivel internacional. Y el imponente Cable Carril Chilecito–La Mexicana, símbolo de innovación y esfuerzo, se convirtió en orgullo tecnológico de su tiempo.
La historiadora puso en valor a las comunidades originarias y a la cultura diaguita como raíz viva de nuestra identidad. La Chaya, síntesis de tradición ancestral y fe popular, es expresión máxima de un pueblo que celebra, resiste y crea. Como el Chamamé y el Tango representan a la Argentina ante el mundo, la Chaya es el corazón cultural de Chilecito.
En el cierre, el mensaje fue claro: el orgullo no debe ser solo recuerdo, sino acción. “De nada sirve sentirnos orgullosos si no recreamos ese legado para las próximas generaciones”, expresó Plaza Karki.


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